Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) de envases

Todo el mundo conoce el logotipo de las dos flechitas verdes que aparece en los envases domésticos. Sin embargo, si se pregunta a la población, la mayoría dirá que indica que el envase es reciclable. Esta confusión se puede achacar a la falta de información.

El punto verde, como en realidad se denomina, acredita que el envase pertenece al Sistema Integrado de Gestión (SIG) de Ecoembes.

Esta es una de las dos opciones que la Ley 11/97 de Envases y Residuos de Envases brinda a los envasadores para recuperar, valorizar y reciclar los residuos. La otra, el Sistema de Devolución, Depósito y Retorno (SDDR) es de muy difícil, por no decir imposible, implantación en España debido a las exigencias impuestas por la propia ley.

Y, sin embargo, el SDDR es el sistema que se usaba no hace tantos años: devolver los envases usados al comercio y recuperar el dinero dejado en depósito al comprarlos; práctica por otra parte usada actualmente en muchos países europeos, como Alemania, Suiza, Suecia y un largo etcétera.

El SIG se reduce en última estancia a que las empresas envasadoras paguen una tasa a Ecoembes para que los Ayuntamientos se encarguen de recoger los residuos domésticos.

Cabe destacar que el envase industrial no queda amparado por Ecoembes, ya que se debe gestionar directamente por empresas gestoras de residuos autorizadas.

El principal inconveniente que se puede deducir del SIG doméstico es que el éxito del sistema depende de los usuarios finales del envase, y por tanto de la concienciación y predisposición de cada uno para separar y depositar en el contenedor adecuado cada residuo. Aun conociendo las bases del sistema de reciclado implantado, en numerosas ocasiones nos preguntamos a donde debe ir un residuo.

Ecoembes dispone en su web www.ecoembes.com de un sistema para buscar en qué contenedor debe ir cada envase, bien por su tipo de material, bien por lo que contenía. Aún así nos encontramos demasiadas veces con embalajes compuestos que deberíamos separar en muchas partes para reciclar correctamente.

Desde aquí nos preguntamos si, por ejemplo, una codificación numérica en cada envase nos indicase el contenedor al que debe ir el residuo (o cada una de sus partes) ayudaría a facilitar la separación en origen. Esta medida se podría combinar con una tasa única impuesta a la basura que no se puede reciclar o valorizar, y que por tanto tiene que enterrarse en el vertedero, así como librar al resto de residuos de un impuesto.

La adopción de este sistema podría aumentar las tasas de reciclaje y el interés de los ciudadanos por la correcta separación en casa. Y es que estas medidas no son una invención novedosa o una utopía, sino prácticas que se llevan a cabo en otros países.

Igualmente, un SDDR bien implantado y sin la necesidad de que cada envasador recuperara exactamente sus envases puestos en el mercado, animaría a los consumidores a devolver los envases para recuperar el importe pagado por ellos.

Al fin y al cabo, lo que se busca (o debería buscarse) con las leyes de residuos es la fácil implantación de sistemas de gestión de residuos eficaces que redujesen el consumo indiscriminado al que estamos hoy en día acostumbrados.

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